Este mes hablamos con Spok, uno de los principales referentes del arte urbano en España. Nacido en Madrid y criado en el graffiti de los 90, estudió bellas artes, pero aprendió a pintar mucho antes, de la mano de botes de spray, firmas y vagones de tren, elementos que han marcado de manera muy profunda la temática de su trabajo. 

Este artista no solo se limita a los muros de edificios en ciudades como México, Hong Kong o Miami, sino que su obra ha alcanzado museos de medio mundo, desde el TATE Modern al Thyssen. De murales hiperrealistas al lienzo, del lienzo a materiales como el metacrilato o la madera, del lenguaje figurativo al abstracto…este artista incansable no deja de buscar diferentes técnicas, lenguajes y soportes antagónicos en los que plasmar su particular mundo de fantasía futurista.

La nocturnidad que tanto ha marcado el halo que envuelve el mundo del graffiti, es una gran protagonista en la escenografía de sus piezas. Callejear por su obra es como darse un paseo de madrugada por la realidad paralela de una ciudad, con sus luces de neón, sus coches y sus estaciones de metro, adornado en ocasiones con brillantes figuras mecánicas o tipografías cromadas.

Editora: Bego Martín

¿Recuerdas la primera vez que agarraste un bote de spray?

Como si fuera ayer, era un novelti pequeño azul ultramar con el que hice 19 firmas. 

¿Quiénes eran tus referentes de entonces y de ahora?

En aquellos tiempos mi referencia eran el Muelle y el Tifón; mis referencias ahora son mis amigos y el internet. 

Como casi todo grafitero te introdujiste en este mundo de la mano de los trenes. ¿Cómo recuerdas esa época y que influencia ha tenido en lo que haces hoy?

Antes de los trenes hubo otra época más guay de pura inocencia. Durante la época de los trenes se forjó mi personalidad y mi relación con el mundo ficticio que nos inventábamos cuando crees que eres adulto. A día de hoy me muevo entre la nostalgia de aquellas épocas y la necesidad de avanzar en un mundo globalizado donde la información fluye en todos los sentidos. En realidad, la marca de aquella época es muy profunda aún y se nota en mis temáticas. 

¿Cómo valorarías la evolución del graffiti como disciplina desde el momento en el que empezaste hasta la actualidad?

El graffiti se ha hecho universal después de 50 años de desarrollo, empezó antes de que yo naciera como fenómeno y sigue a día de hoy evolucionando. Es increíble ver cómo la gente lo está llevando a niveles que no podrían imaginarse hace tan solo 10 años, mezclándose con todas las demás disciplinas artísticas desde el diseño hasta la arquitectura. Es apasionante cuando te vas atrás en los años y haces análisis y te miras en el espejo del tiempo.

En tu obra sueles mostrar escenas y espacios aparentemente cotidianos, pero siempre con un toque de surrealismo futurista muy particular, con gran protagonismo de la nocturnidad rota por destellos, brillos, neones y LED. ¿qué te inspira a crear este tipo de escenarios?

Mi relación con la calle y sus escenarios es lo que define mi obra , cómo entiendo la luz a través de la tecnología , y los recuerdos que se generan con los dispositivos móviles . Es la contraposición a mi peregrinaje por las calles oscuras, marginales y sórdidas a través del graffiti y sus vicisitudes lo que configura mis imágenes llenas de luz y fantasía. Lo que vengo a llamar mis luces de bohemia .

Lo urbano está muy presente en tus piezas. Dime una ciudad que te encante.

Mi vida se forjó en las grandes capitales , siempre busqué las grandes ciudades supongo que en principio porque era donde había otros sistemas de metro, y había que coleccionarlos todos , era como el juego de conquistar ciudades : Berlín, Barcelona, París, Nueva York, Londres, México, Buenos Aires, Los Ángeles, Tokio, Bangkok… 

¿Cómo es tu metodología de trabajo? ¿Partes siempre de una foto o boceto?

Siempre hago las composiciones a partir de fotos que compongo con Photoshop, el graffiti sin embargo es pura improvisación, tengo dos vertientes bien diferenciadas que se realizan de manera antagónica. 

¿Cómo le describirías a alguien que no se dedica a el arte las emociones que sientes cuando estás subido a una grúa haciendo un mural?

Subirse a una grúa para pintar un edificio es un reto en sí mismo, siempre tengo vértigo las primeras horas hasta que me acostumbro, es como un baile vertical con una máquina, que lentamente da paso a la poesía visual. (¡una semana de baile!)

El neón es un gran protagonista en tu trabajo. Desde los brillos y colores que utilizas hasta luces directamente integradas en el lienzo. ¿Que significa para ti este elemento?

El neón fue el último paso en lo que yo llamo energía transformada. Comencé a trabajar la luz con la pintura imitando la iluminación artificial y un día me di cuenta que los neones que estaban colgados de las paredes de las calles, sobre todo los que estaban abandonados, eran graffiti también; ya no eran un cartel, eran letras sin vida abandonadas en la calle, así que en un punto decidí transformarlas y reciclarlas y utilizarlas como elemento narrativo para mis piezas dándoles una nueva vida. Es una metáfora de la evolución hacia un futuro brillante y energizante. 

Tienes un gran poder de adaptación para pequeños y grandes formatos y facilidad para saltar de uno a otro, del pincel al spray ¿que te aporta cada uno de ellos?

Lo que puede parecer una virtud en realidad lleva siendo una penitencia para mi desde hace muchos años. No he podido agarrarme a una sola idea y darle forma como hace la mayoría de la gente, mi cerebro me hace cambiar el registro y el formato cada poco tiempo y a veces es desesperante. Yo tiendo a verlo como que tengo un diamante en bruto y estoy trabajando en facetarlo: el valor de un diamante reside más en la forma en la que se trabaja que en el valor del mineral en sí.

Empezaste hace unos años a trabajar en una serie de lienzos redondos con una perspectiva ojo de pez muy interesante. ¿de dónde nace esta idea y que te ofrece este formato?

Esto fue una idea concreta que hice hace unos años para un proyecto en el que pensé en esta idea porque me resolvía el problema que se me planteaba. Fue un par de años después cuando me di cuenta que tenía que volver a esa idea y desarrollarla un poco. Esta pandemia ha sido cuando le he dado caña a eso y además de buena aceptación y repercusión me ha dado pie para la próxima evolución que es en lo que estoy trabajando ahora, es una fase más, no creo que me quede mucho tiempo más ahí ¡supongo que una cara más para ese diamante en bruto!

En tu trabajo hay mucha presencia de luces y efectos metálicos que la hacen fácilmente reconocible ¿Tienes algún color fetiche?

Mi color fetiche son los colores fluorescentes por esa formulación efímera que los conforma. No duran en exterior porque se los come el sol, pero cuando están en su tope se ven más que los demás, brillan y ¡desaparecen! 

A lo largo de los años has ido experimentando con diferentes técnicas, soportes, lienzos y temática ¿? ¿Que piensas cuando ves una obra tuya de hace 15 años? ¿que dirías que ha cambiado y que se ha mantenido?

Ahora soy más consciente del paso del tiempo por las obras y procuro trabajar más en que duren inalteradas lo máximo posible, intento darle más capas de pintura y definitivamente aplicar unas buenas capas de barniz uv para que los colores permanezcan. Aparte de que soy más paciente en los acabados de todas las partes, están mejor pintadas que antes, aunque en el proceso siempre me da la sensación de que se me ha olvidado pintar y me enfado conmigo mismo. Ahora voy a volver a pintar con óleo para ver dónde puedo llegar. Creo que con el acrílico he tocado tope, es hora de evolucionar! Siempre lo es.

 

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