…Y su colorista universo

Maca Miño es sinónimo de color. Chilena afincada en Barcelona, Maca comenzó a  estudiar diseño en Chile, al salir de la educación secundaria. Tras solo dos años estudiando, empezó su andadura en el mundo profesional. Fue una buena decisión: “porque al final uno aprende haciendo”, reconoce. Esas experiencias abrieron mucho su mente, le enseñaron cómo funciona el sistema y lo importante de ser proactivo, buscándose sus propios trabajos como freelance, especialmente la diferencia entre los libros y los clientes.

Todo esto se resume en un video súper especial sobre su viaje personal y profesional. Muestra desde su nacimiento en Chile, a su renacer llegando a España. Involucra toda esta identidad que la define: su cultura andina, los barrios, los carteles de colores… Ese mismo viaje que ha trasladado y ha plasmado tras su llegada a Barcelona. Manteniendo esos códigos pero con otras perspectivas. Ese trabajo, que empezó a filmar en Chile y terminó aquí, con la música del artista Paulopulus, engloba el universo colorista de Maca Miño. Un universo que podrán disfrutar cada mes, aquí en TAGMAG.

Autor: Eduardo P. Waasdorp
Edición: Marina López Vizoso


¿Cómo empezaste en el mundo del diseño?

La primera gran experiencia que tuve fue a mis 22 años, trabajando para un estudio de videojuegos llamado Behaviour, una de las grandes empresas que crea diseños para Sony, y para Nickelodeon por aquel entonces. En ese momento trabajaba en el equipo de diseño del videojuego The Order, para Sony, junto con otros videojuegos, y ahí aprendí bastante, empecé a realizar las presentaciones y empecé a adentrarme en el proceso creativo de una marca, de como se constituye, pero todo de manera muy intuitiva.

Fue un proyecto muy intenso, pero me abrió puertas y la posibilidad de generar un portfolio. Me permitió trabajar en dos estudios reconocidos en Chile, como Porta 4 y Brandbook, y tras eso me sumergí de lleno en el branding a nivel profesional. A día de hoy sigo trabajando con Brandbook como freelance y para proyectos de Latinoamérica, como por ejemplo Sodimac.

 
¿Cuáles son tus principales influencias?

No tengo una figura del diseño específico, aunque sí he leído mucho acerca de la Bauhaus y su movimiento. También cosas que sucedieron en Latinoamérica. A pesar de ello, yo siempre he sentido que me nutro de lo urbano. Con esto me refiero a lo que pasa en la calle y no sólo en Chile, sino en el mundo en general. Por eso también pensé en estudiar historia, porque me interesa mucho la historia de las cosas en general, saber el por qué y su origen. Técnicas como el muralismo, el grafiti e incluso obras que pintan en las calles, me nutren bastante. 

La identidad de los barrios y sus ferias (mercadillos) me fue nutriendo a nivel cromático. Siempre he estado predispuesta a cualquier estímulo visual. Amo la imagen en general, y la imagen en movimiento, por eso me gusta también el cine. En eso mis padres tienen mucha influencia en mí. Me introdujeron en el mundo del cine, visionando películas antiguas de la década de los años 20, así descubrí que mi película favorita siempre será Metrópolis, de Fritz Lang. Me parece una joya.

En cuanto a lo urbano, siento que todo lo que ocurre, comienza con los movimientos sociales y desde lo que ocurre en la calle y en cualquier país ese mensaje se va repitiendo. Tanto las revoluciones como cualquier otro movimiento, va generando un imaginario visual, tanto en la ropa como en la expresión corporal o el grafismo en general. Creo que eso es lo que más me ha nutrido: desde la historia, desde la identidad de mis barrios: Independencia, ubicado en el centro de Santiago, parecido a El Raval de Barcelona. O Quilicura, ubicado en la periferia, al norte de Santiago. Hay otros lenguajes que hablan desde lo que está al margen, porque están lejos de todo lo que ocurre en el centro.

 
¿Cómo describirías las bases de tu trabajo? ¿Cómo es tu proceso creativo?

A partir de una primera idea, uno las cosas con mis conocimientos del branding. Al final, siento que trabajo ambos aspectos, diseño y branding. Cada persona es una identidad, y cada marca tiene también su propia identidad, por lo que me gusta partir de la base de lo que “es”: ¿qué es la marca? ¿para qué hacemos un proyecto? Partimos desde la matriz y desde ahí empezamos a forjar la identidad y darle una coherencia visual, cromática, tipográfica, fotográfica… Se trata de crear un mundo, dependiendo de lo que pida cada cliente, pero también les orientamos en base a lo que quieren comunicar o lo que quieren mostrar ante el mundo. A eso se le suma mi curiosidad por la historia, lo que me da la clave para unir todas las ideas y los cabos sueltos.

 
En todo tu trabajo, el tratamiento del color es algo especial…

El color para mí es muy importante y tiene que ver mucho con mi cultura, mi familia y mi identidad como persona. Desde pequeña, me nutrí mucho a nivel cultural y también gané esa pasión por el color visitando la feria con mi familia, por la gran variedad de colores que podían apreciarse en las frutas, las verduras, la ropa de muchos colores… Cuando me mudé a Quilicura, coincidió con una gran migración haitiana y cromáticamente se convirtió en un “caribe” chileno, que a nivel visual también me aportó mucho. Por otro lado, no sé si describirlo como en un nivel ancestral o más identitario, pero mi familia por parte de padre es del norte de Chile y la cultura allí es muy flúor, muy relacionada con la cultura andina; por lo que esos códigos cromáticos me identifican mucho. He tenido también la suerte de poder viajar por todo el norte de Chile, Bolivia, Perú y me siento muy identificada con esas culturas a nivel cromático. Me genera mucho placer, me siento como en casa rodeada de esos colores.

 
No solo eres diseñadora y directora audiovisual, sino también haces danza y has estado en obras de teatro… ¿como se complementa tus diferentes facetas?

Lo cierto es que al final, constituyen un todo. En términos de danza, sí he estado dentro del género dancehall allí en Chile y conocí a muchos bailarines, también atraída por lo cromático. Mucha de esa cultura viene de África y, cromáticamente, son muy llamativos, tanto los colores como el vestuario o incluso los movimientos corporales. Por ejemplo, Me sentí muy identificada con el trabajo y con Vitu. Conocí su trabajo estando en Barcelona, su estilo afro-peruano ligado a su cultura me llamó la atención y me resultó muy familiar. Todo ello me facilitó realizar mi trabajo artístico, el tema cromático, la perspectiva… y respetar su identidad creativa entendiendo su proceso.

 
¿Cómo te ha cambiado el mudarte de Chile a España? 

Ha sido un cambio de 180 grados pero para bien, de mucho crecimiento. Cuando vivía en Chile sentía que necesitaba tocar otra tecla, porque ya estaba en un muy buen estudio, el mejor valorado en Chile, y quería un cambio. Quería crecer y el mundo audiovisual me gustaba mucho. Sentía que tenía una deuda a nivel personal y debía salir de Chile y venir a Europa. Estando en Chile me enteré de que se ofertaban unas becas y postulé para la beca Fahrenheit de Elisava. Para poder aplicar, tuve que describir quién era en un minuto, cosa que me pareció poco tiempo para poder hablar de mí y mostrar lo que yo sentía. Mudarme a Barcelona me ha permitido conocer a muchos artistas y a mucha gente en la misma situación que yo. No hablo sólo de extranjeros, sino incluso de españoles fuera de su ciudad natal. Lo bonito que aquí se ha generado es crear y ser parte de una red y las ganas de hacer cosas que tienen la gente. En Chile sucede lo mismo, pero los recursos son escasos, por eso necesitaba conocer mundo.

Ahora arranca este nuevo proyecto, como directora de arte de TAGMAG. ¿Cómo afrontas esta nueva etapa? ¿Como debería reflejarse para ti la cultura urbana actual en el diseño?

Cuando se reunió todo el equipo fue muy interesante lo que se quería llegar a hacer, porque no hay nada parecido en España y está muy guay que se muestre lo que los artistas y la gente quieren que se vea. Sobre todo, también el ser un apoyo en este momento tan crítico que se está viviendo. Me parece una apuesta súper interesante. 

Crecí en una cultura y me desenvolví dentro de la cosmovisión que había en Chile, pero desde que vivo aquí en España observo lo que pasa aquí, o lo que pasa fuera. Mi pareja, que es francés, también me ayuda a nutrirme de la cultura urbana de Francia, o de lo que ocurre allí. Al final, en la identidad de TAGMAG es importante que se muestre no solo lo que ocurre en la calle, a nivel más crudo – como el hip-hop o movimientos extremos – sino desde también el pop o la música urbana latinoamericana. Se trata de acercar estos géneros a la gente. Es una revista con un nicho concreto, pero también es importante que otras personas se acerquen a esta cultura, hacerla global.

 
¿Algún otro proyecto que quieras destacar?

Ahora mismo trabajo para Brandbook, con vosotros en TAGMAG, y he colaborado en proyectos como Mama Team, aquí en Barcelona. Tengo muchas ganas de hacer cosas nuevas, de reinventarme. Me llama mucho la atención reinventarme como directora de arte y quiero generar un código visual nuevo y desde mi propia identidad creativa.

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