Autor: Begoña Martín de la Rocha


 

¿Cuándo y por qué empezaste a pintar? ¿Recuerdas tu primera obra?

Empecé a pintar en 2017 de manera totalmente casual. Encontré por casa un lienzo abandonado de pequeño formato, de estos que venden en el “Tiger” para que jueguen los niños, que vienen con unos pequeños botes de témperas. El caso es que me puse con él y en un par de horas hice una especie de cara / calavera. Me salió intuitivamente, no pensé mucho en cómo hacerla ni en un resultado final concreto, fue como una especie de experimentación. El caso es que esas dos horas que estuve pintando me lo pasé increíble, se me pasaron como si fuesen dos minutos y sobre todo sentí una sensación de que estaba haciendo algo que me llenaba y que me gustaba de verdad.

A los pocos días le enseñé la pieza a mi amigo David Morago (consagrado artista plástico) para que me diera su opinión. Me dijo: “cómprate otro lienzo mañana mismo y cuando lo tengas pintado me lo enseñas. Esa pintura tiene algo especial, sobre todo en la forma que tienes de usar los colores. Tengo compañeros que llevan 25 años pintando y todavía no les he visto un cuadro que tenga tan buena combinación cromática”. Le hice caso. Al día siguiente compré otro lienzo, lo pinté y luego otro y otro y otro… hasta hoy que no he parado de pintar desde entonces.

La inspiración detrás de tu exposición “El estudio del cuerpo humano” viene de una anécdota que define mucho lo que eres hoy como artista. Háblanos sobre esta historia y las 12 piezas que componen esta exposición.

Sí, es una cosa que se me quedó muy grabada. Me pasó cuando tenía tan sólo 11 o 12 años. De pequeño me encantaba dibujar, siempre andaba “pintarrajenado” papeles y los libros del colegio. En un momento dado le dije a mi madre que me gustaría aprender a dibujar “de verdad”. Entonces ella me apuntó a una academia de dibujo y pintura muy buena en Madrid. El caso es que para entrar a esta escuela tenías que hacer una prueba de acceso que consistía en dibujar del natural un busto de una escultura griega. Fui al examen de acceso y me encontré sentado en un aula, que me intimidó bastante, llena de gente joven, todos mayores que yo, con una estatua en el medio. Me dieron un bloc y un carboncillo y me dijeron que lo dibujase de una forma realista.

Por supuesto no me admitieron. Yo dibujé aquel busto “como Dios me dio a entender” que me temo que fue de una forma algo alejada al realismo clásico. A partir de ese día perdí un poco la ilusión por el dibujo y pensé que era algo que no se me daba bien ya que una prestigiosa escuela así lo había dicho. Ahora lo pienso y casi que me alegro de no haber entrado en aquella escuela. Quizá me hubieran enseñado una técnica académica y probablemente a día de hoy sería uno más. No pintaría con el estilo que pinto. Todo pasa por algo.

Este suceso me sirvió de inspiración para la serie que acabo de pintar titulada “The Study of The Human Body” en la que el hilo conductor es el dibujo anatómico y la inspiración en las esculturas griegas y romanas. Es como volver a hacer esa prueba de acceso 30 años después. La serie se compone de 12 piezas de mediano y gran formato que serán expuestas próximamente en Baobab Tulum (México), una increíble galería de arte con unos espacios brutales en donde mi obra convive a la perfección. Estoy muy emocionado con este proyecto.

Cuéntanos un poco acerca de tu proceso creativo a la hora de abordar un lienzo, elegir la composición, los colores etc.

Bueno, así de primeras me siento mucho más cómodo pintando en grandes formatos. Los lienzos grandes me encantan, me siento con más libertad de movimiento y la pincelada es mucho más gestual. Cuando pinto en pequeño, pinto con más tensión, no tienes tanta libertad de movimiento con los pinceles. En cuanto a los colores lo suelo tener súper claro, es como si tuviera una visión. Antes de empezar el cuadro ya sé de una manera muy precisa que colores va a llevar. Tengo en la cabeza cientos de combinaciones de colores que a mi parecer funcionan bien y las aplico en mis lienzos. En el aspecto cromático no suelo dudar mucho. Sin embargo, en las composiciones soy más anárquico, no me guío demasiado por nada, sólo por mi instinto. Lo único que sé es cuando un cuadro está muy recargado o cuando le falta algo. Suelo tener bastante claro cuando la obra está acabada.

Sueles trabajar con fotos de referencia que luego reinterpretas ¿en qué te inspiras para elegirlas?

Efectivamente las fotos son una fuente de inspiración constante, es como si fueran mis modelos ya que yo no pinto del natural con personas, no me siento cómodo. Al ver determinadas fotografías se me ocurren al momento historias que contar, como si fueran el detonante en mi cabeza para que surja la idea de un cuadro. El propósito no es hacer una ilustración de esa foto, sería absurdo porque la fotografía siempre va a ser más fiel a la realidad que una ilustración. La idea es darle una nueva vida a esa imagen, que sin ser necesariamente realista o se parezca fielmente al modelo, te lleve automáticamente a esa persona. El efecto es como una especie de sensación no racional que te lleva a pensar que ese “amasijo” de líneas y colores son una determinada persona. No es tarea fácil lograrlo, pero cuando lo consigo el resultado es muy interesante.

También sueles hacer encargos ¿cómo es el proceso de pintar historias tan personales para alguien? ¿cuál ha sido tu encargo favorito?

Si, curiosamente acepto algunos encargos privados, cosa poco común en la mayoría de los pintores. Pienso que siempre ha sido una cues- tión de egos, ya sabes, a nadie le gusta que le digan cómo tiene que hacer las cosas o en nuestro caso, que te digan que es lo que tienes que pintar. Yo quise quitarme esos prejuicios y tomármelo como un reto. Es como que alguien viene a sacarte de tu zona de confort y te propone pintar algo que a priori tu jamás hubieras pintado. Aprovecho esta oportunidad para hacer algo que merezca la pena y sobre todo para aprender. Curiosamente con los encargos suelo aprender mucho porque se me plantean situaciones formales difíciles de resolver. Muchas veces he empezado un encargo pensado que no iba a ser capaz de lograr un resultado aceptable y he acabado con un “piezón” alucinante. Si lo piensas fríamente muchas de las grandes obras maestras de todos los tiempos como las “Meninas” de Velázquez o el Guernica de Picasso son encargos. Todos los encargos al final tienen algo de especial porque cuentan historias emotivas o personales de alguien. No podría quedarme con un favorito nada más, pero por ejemplo me gusta mucho uno que me encargó un gran empresario del mundo de la hostelería que tiene cadenas de restaurantes muy conocidas. Solo me dijo que le gustaría que se reflejase su profesión en esta pintura. Así a priori parece complicado pintar algo relacionado con la hostelería, pero luego se me ocurrió pintar un tríptico titulado “La primera cena”. Trata sobre la primera cita de una pareja que quedan para cenar en un bonito restaurante. También mola mucho el tríptico que pinté para la modelo Cristina Tosio. Se titula “La luz” y en él recreo una sesión de fotos donde aparece el fotógrafo, la modelo y el ayudante de fotografía.

Tu arte tiene una estética muy definida ¿cuáles dirías que son los elementos o temas más recurrentes en tu imaginario artístico?

Me inspiran enormemente los temas clásicos. Creo que para hacer algo moderno o transgresor tomar una referencia clásica es un buen punto de partida. Cuando recurro a una fuente clásica como por ejemplo un fotograma de una película de los años 50 de Ava Gardner o la reinterpretación de un cuadro de Magritte me siento con más libertad de movimiento, creo que el punto de partida es sólido y a la vez reconocible. Como dato te diré que mi museo favorito es El Prado. Voy con mucha frecuencia y cada vez que salgo de allí tengo nuevas ideas para mis cuadros. También el amor es un tema muy recurrente en mi obra, al final creo que es algo cotidiano que todo el mundo entiende, es el lenguaje universal, dicen que todo se mueve por amor. Tengo una serie que gira en torno a los besos… “Beso en el parque”, “Beso en la ducha”, “Beso en el ascensor” y así hasta el infinito, ¡molan todos!

¿Cómo es el espacio en el que trabajas?

Tengo el estudio en mi casa. Me gusta mucho trabajar en el mismo espacio donde vivo. Para mí tiene muchas ventajas. Una de ellas es que estoy en constante contacto con las obras que estoy pintando, no pierdo el contacto visual con ellas. Alguna vez me ha pasado que mientras estaba cenando se me ha ocurrido la solución a algún problema formal que me estaba planteando determinada obra, simplemente porque la tenía delante, la estaba mirando y vi la solución. Otra de las ventajas, es que puedes hacer largas sesiones y aunque acabes muy tarde de trabajar ya estás en casa, solo tienes que quitarte la ropa de trabajo y ponerte cómodo para ver una serie o leerte un libro.

¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de tu trabajo?

Lo que más me gusta es la sensación de éxtasis que tengo cuando acabo una pieza de la forma que quiero. Es como si vieras a la Virgen, tiene un punto muy espiritual. Me quedo embobado mirándola durante mucho tiempo, como hipnotizado, flipándolo. Hay veces que no me creo que yo haya podido hacer eso. Es una sensación brutal de satisfacción y bienestar, pero eso sí, muy aditiva. Al rato quiero empezar con otro lienzo en blanco para poder volver a experimentarla.

Llevo un rato pensando y te prometo que no se me viene nada malo a la cabeza en esto de la pintura, o al menos como yo la vivo. Bueno por decir algo…que me pongo muy nervioso los días antes de inaugurar una expo. Estoy insoportable, me entran dudas de si lo que voy a mostrar es realmente bueno, pienso que no va a gustar, que se me ha ido la olla con todo…pero bueno cada vez controlo más esos momentos y ya me lo tomo como parte del proceso. En cuanto abren las puertas de la galería y veo los cuadros colgados en las paredes, se me quita todo.

Comenzaste tu carrera artística con lienzos, spray o rotuladores acrílicos y así se ha mantenido hasta ahora ¿Te interesan otros formatos?

Sigo muy centrado en pintar sobre lienzo con pintura acrílica porque veo que tiene muchas posibilidades, tengo la sensación de que es infinito. Cada día descubro algo nuevo, algún efecto nuevo, alguna forma nueva de aplicar esa pintura sobre la tela con la que consigues determinada textura, etc. Es una locura lo mucho que da de si esto. Por eso entiendo ahora que los grandes pintores estén en activo casi hasta el día de su muerte, nunca dejan de pintar. Tengo la sensación de que no me voy a aburrir nunca de esto.

Me llama la atención la pintura al óleo. Creo que algún día haré algunas pruebas a ver que sale, me encanta el brillo que tiene y la sensa- ción de carnosidad que deja, es como si estuviera viva. Lo que no me gusta tanto es que tarda muchísimo en secar.

Cuando no estás pintando, a veces dedicas tu tiempo a pinchar música en salas como El Sol (en la sesión Trueno) o el mítico hotel Pikes en Ibiza (Rock Nights). Háblanos de tu faceta como DJ ¿Qué papel juega la música en tu obra? ¿Qué géneros te gustan?

Siempre me ha encantado el mundo de la música, desde muy pequeño ya enredaba con los vinilos de mi padre y me acuerdo que hacía una cosa muy divertida: ponía a sonar dos cintas a la vez en dos radiocasetes intentando hacer mezclas y que sonasen las dos canciones de una forma armónica. Imagínate el descalabro, era casi imposible lograrlo porque los reproductores no tenían control de velocidad y no se podía ajustar nada. Alguna vez lo conseguí, pero de pura chiripa, el resto de las veces sonaba una aberración absurda. Pero bueno yo me divertía intentándolo. En 2009 me dedique de pleno al mundo DJ llegando a hacer gira por toda España pinchando en las discotecas más míticas como Pacha Ibiza o Industrial Copera en Granada, todo un templo en el mundo de la electrónica. Luego en 2015 nació “Trueno”, una fiesta semanal en la mítica Sala El Sol de Madrid donde además de pinchar muchos sábados, soy fundador y promotor junto a mis socios Sergio Ochoa y “Bocaz”.

También en verano como bien dices pincho junto a mi querido amigo Diego Calvo en las fiestas Rock Nights de Ibiza. Nos hacemos llamar “Bandoleros” y son sesiones muy canallas y divertidas. Ya solo el sitio donde se hacen me parece una ida de olla: la antigua habitación de Freddie Mercury en el hotel Pikes, ahora convertida en pista de baile pero que conserva muchísimos elementos como la cama, muebles, fotos, etc. En estas fiestas llevamos un sonido más Rock and Roll, Electro Pop de los 90’s, Post Punk y New Wave.

Todos estos movimientos van ligados a unas estéticas muy concretas que son las que me inspiran para algunos de mis personajes en la pintura, por eso muchos de ellos llevan tupé, fuman cigarrillos rubios y llevan chupas de cuero con tachuelas.

Ahora mismo el tema musical no es mi actividad principal, pero me sirve como válvula de escape, para divertirme y para desconectar.

También haces BMX, te gusta el mundo de las motos o el grafiti ¿Qué papel juega la cultura urbana en tu vida?

Sí, soy un apasionado de las dos ruedas, monto en bicis BMX desde que era muy pequeño. Mi regalo de reyes solía ser todos los años una bici nueva. Es un deporte que nunca he dejado de hacer y que está muy vinculado a la cultura urbana. Una de las modalidades de BMX es la denominada “calle”, que consiste en rular por la ciudad utilizando los obstáculos como escaleras, barandillas, etc., para hacer trucos. Yo he llegado a montar 8 o 9 horas por Madrid y recorrerme casi toda la ciudad. Lo guay de esta modalidad es que se suele hacer en grupo y he coincidido con gente muy pro, chavales más jóvenes que yo de los que siempre aprendes algo. Son nuevas generaciones de las que observo mucho su forma de pensar, sus gustos, etc. Las motos también me han tirado mucho siempre, practico motocross y también velocidad, pero ahora con mucha cabeza, que ya no puedo permitirme el lujo de romperme una mano. También siempre me ha llamado mucho la atención el grafiti, pero el grafiti antiguo, el de los años 90, las pintadas que veía por mi barrio que básicamente eran “tags”, firmas. Ídolos para mí como “El Muelle” o “El Street” son a día de hoy referentes de los que bebo. Me interesan los trazos caligráficos y la forma de tratar las letras. Luego el grafiti que ha evolucionado a lo que hoy se conoce como muralismo no me interesa tanto. Creo que no envejece de una forma bonita. El primer día que pintan entera esa gran pared de un edificio queda muy bien, pero pasan tres meses y está destrozada, ha perdido el color, ya no tiene esa fuerza. Es burro grande ande o no ande.

Para mí la cultura urbana y que me ha influido es la que he mamado desde pequeño, las cosas que he hecho o he visto cada día, como montar en bici por las calles de Madrid, fliparlo cuando te encontrabas una pintada nueva de “El Muelle” o ir a los toros en Las Ventas. Para mí eso es cultura urbana.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Pues estoy muy ilusionado con mi reciente fichaje por las prestigiosas galerías “Gallery Red” y “Soho Gallery” propiedad de Drew Aaron, nombrado hace poco por Forbes como uno de los mayores coleccionistas de arte vivo menor de 50 años. Es un sueño que una pieza tuya esté colgada en la misma pared que un Picasso, un Basquiat o un Warhol. También estoy colaborando estrechamente con la casa de alta relojería suiza IWC, estoy muy contento porque me han apoyado desde el principio y creen mucho en mi y en mi pintura. De hecho acabo de inaugurar una exposición en su boutique de Madrid (Calle Ortega y Gasset, 15) en la que trato de forma muy especial el mundo de los NFT’s, me atrevería a decir que es la primera muestra en la que se combina obra digital y “analógica” de una manera tan explicita y directa. Desde aquí invito a todo el mundo a visitarla, estará hasta el 28 de julio.

Tu obra está en galerías de arte, casas o incluso la habitación de un hotel que lleva tu nombre ¿Dónde más te gustaría ver un cuadro tuyo?

Ya puestos a soñar, lo máximo a lo que podría aspirar es a tener un cuadro colgado en el museo de El Prado, mi museo favorito del mundo, con todos los grandes maestros.

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